El pianista y maestro vienés Paul Badura-Skoda, uno de los intérpretes de compositores clásicos más reconocidos internacionalmente, murió el miércoles a los 91 años de edad, informó hoy la agencia austríaca APA.

Nacido en Viena el 6 de octubre de 1927, Badura-Skoda era considerado uno de los pianistas austríacos de mayor proyección internacional de la postguerra, junto a Jörg Demus y Friedrich Gulda.

Se convirtió en una estrella internacional en 1950, cuando actuó en un concierto del Festival de Salzburgo en sustitución de quien había sido su maestro, Edwin Fischer, debido a una enfermedad de este.

Pero ya un año antes había llamado la atención de dos grandes directores de orquesta, Wilhelm Furtwängler y Herbert von Karajan, quienes lo contrataron como solista para algunos de sus conciertos en Viena.

Poco después deleitó al público de Australia, Estados Unidos y Canadá, y en 1953 una gran gira lo llevó a varios países de América Latina.

Durante los siguientes 70 años actuó en los principales festivales y salas de conciertos en todo el mundo con un amplio repertorio, en el que destacaban las obras de Mozart, Beethoven, Schubert y Frank Martin, quien en 1968/1969 compuso para Badura-Skoda un concierto para piano y orquesta.

El músico austríaco fue el primer pianista occidental en actuar en China después del final de la Revolución Cultural.

Famosas son también sus más de doscientas grabaciones, entre las que destacan las sonatas completas de Mozart, Beethoven y Schubert.

Aparte de su carrera como pianista, fue profesor de piano de varias generaciones. Hasta muy avanzada edad impartió clases magistrales en diversos países, entre ellos España.

Badura-Skoda fue uno de los pioneros en recuperar los instrumentos de época en conciertos y grabaciones, una corriente que luego se generalizó en el campo de la música antigua.

Legendario era su conocimiento de los instrumentos antecesores del piano, desde el clavicémbalo al fortepiano y el pianoforte.

"En mi juventud siempre fui muy curioso por las cosas desconocidas", dijo Badura-Skoda en una entrevista a Efe en 2005 en Shanghai.

El pianista, que dominaba el idioma español, resaltó entonces que el fortepiano era una de esas "cosas desconocidas" en la década de 1950. A lo largo de su vida logró reunir una importante colección de instrumentos originales.

Amplia es asimismo su colección de premios: además de la Cruz de Honor de Austria para la Ciencia y la Cultura, era portador del Anillo Bösendorfer, la Medalla de Oro de la Ciudad de Viena y la Gran Medalla de Plata al Mérito de Austria, entre otros.

En 1993 fue nombrado Caballero de la Legión de Honor y en 1997 Commandeur des Ordre des Arts et des Lettres.