El director del ciclo, Alberto Ibarrondo, destaca los conciertos de M.A.P. y la Banda, el quinteto de Danilo Pérez y Gregory Porter.

Cuando todos los músicos han partido en sus buses-cama o han despegado en sus vuelos, llega la hora de mirar atrás. Con los oídos aún calientes de jazz en directo, el director del festival de Vitoria, Alberto Ibarrondo, destaca el gran ambiente de las últimas noches. También, para los artistas. En ellas, Theo Hill ha sido anfitrión en el Hotel Ciudad de Vitoria de jam sessions con Danilo Pérez o Avishai Cohen, de espectadores como Gregory Porter o, en la última madrugada, Makaya McCraven y Ambrose Akinmusire.

Éste, cuyo tirón obligó a abrir el primer anfiteatro del Principal para recibir a más espectadores, es uno de los jazzistas que cita Ibarrondo, junto na Nubya García, como destacados en el teatro de San Prudencio. «Estamos planteando ampliar la zona de abonos», avanza el programador, ya que «es una sección que cada vez tiene más peso específico». Y, de cara a la anunciada reforma de la sala, la organización del festival ya empieza a tener en cuanta el cierre por obras y mira al Palacio Europa como posible sede alternativa para el Jazz del Siglo XXI.

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Contento y satisfecho se mostraba Alberto Ibarrondo en relación con la nueva apuesta del Jardín de Falerina. Precisa que «sabíamos que había ganas de una propuesta a mediodía y un formato más desenfadado», pero «ha tenido más éxito del que esperábamos», subraya. Y recuerda la doble intención de las actuaciones, «que han acercado a un público nuevo a un primer contacto con el jazz», además de «dar la oportunidad a la gente más joven de que se empiece a curtir en el escenario, ante la gente», con combos de Luis Aramburu, del campus Udaband, de Musikene, de Jesús Guridi o de la escuela Andrés Isasi de Getxo en las primeras partes. Con Andrés Barrios, Trizak, Breitners, Taan o Romain Pilon en las segundas mitades.

Pilon y su clase magistral de guitarra, junto a la ofrecida por M.A.P. y al taller de brass band de Iñaki Rodríguez han supuesto que el ciclo retome «un aspecto que la crisis nos obligó a sacrificar para ajustar presupuesto».

En este sentido, el resultado económico de la cuadragésimo tercera edición ya ha cumplido con las expectativas que la nueva junta del festival se había planteado. «El objetivo era que hubiera festival el año que viene y está claro que hay un futuro y es brillante. Este ha sido el primer paso en esa dirección», describe quien también resalta que «hemos recuperado muchos aficionados a quienes no habían convencido los programas de los últimos años», indica Ibarrondo.

Con el jazz en la base

La idea es «que el jazz vuelva a ser la base del festival, que sea sus pilares, tanto en el estilo tradicional como el más moderno». Y atraer a la afición de fuera de Vitoria, empezando por el País Vasco «y que todo el mundo se entere de que Vitoria tiene un festival de jazz y es de los mejores».

Hablando de los primeros puestos del ránking artístico, Ibarrondo subraya la «maravillosa complicidad» de Jorge Drexler y Omara Portuondo -el mayor éxito de público-, así como «la gran sorpresa de Gregory Porter en directo» y «la composición que se encargó a Ernesto Aurignac de M.A.P. y la calidad e interpretación con la Banda Municipal». Además, el quinteto de Danilo Pérez con Potter , Cohen, Grenadier y Blake y la noche de Kamasi y Makaya «que muestra por dónde va el jazz ahora» o el recital de Benny Golson son los hitos destacados por el director del Jazz.