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El ritmo pegadizo del clásico del jazz "Summertime", interpretado por tres panameñas, se ha convertido en una terapia musical para un centenar de jóvenes egipcias, algunas de ellas víctimas de violencia, que han acudido a un taller para aprender a "sanar, relajarse y empoderarse" a través de la música.

El encuentro fue organizado por la embajada panameña en colaboración con la Unión Feminista de Egipto y dirigido por las intérpretes de jazz panameñas Patricia Zárate, Graciela Nuñez y Luz Acosta, que se encuentran en El Cairo con motivo del festival de jazz que se celebra en la ciudad este fin de semana.

Tras terminar la canción, le llega el turno a la improvisación y Acosta comienza a tararear una nueva melodía de jazz que el público femenino corea con palmas.

Durante la sesión, las jóvenes, llegadas desde distintas localidades del país como Alejandría (norte) y Al Minia (centro), se pasan el micrófono de mano en mano y se levantan de sus asientos para entonar apasionados cantos improvisados que arrancan la ovación de toda la sala y de las intérpretes.

"Cuando alguien va a esto (el taller) es porque ha vivido algún tipo de violencia, aunque no lo haya declarado, muy probablemente familiar o en la calle", explicó a Efe la agregada cultural de la embajada panameña, Haydée Villarreal.

La idea del taller, según los organizadores, es devolver la confianza de las mujeres en sí mismas mediante su participación en estas actividades, enfocadas en "el poder terapéutico de la música", según palabras de la saxofonista Patricia Zárate.

De este modo, las mujeres se benefician de la autoconfianza que brinda el atreverse a cantar, bailar y tocar un instrumento delante de decenas de personas.

No obstante, la Unión Feminista Egipcia también abrió la participación a jóvenes interesadas en la música, que acudieron para disfrutar de estos talleres de "musicoterapia" que ha organizado la saxofonista Patricia Zárate desde 1999 y con los que ha ayudado además a niños con síndrome de down, autismo y problemas de conducta.

En un salón de actos de un hotel de El Cairo se desenfundan laúdes, violines y darbukas y algunas jóvenes se acercan a las intérpretes panameñas para tocar junto a ellas, mientras al pie del escenario se empieza a formar un grupo cada vez más nutrido de mujeres que bailan y cantan desaforadas.

"¿Esto qué es, que les pasa a estas mujeres?", pregunta uno de los encargados del hotel al entrar en el salón.

"Esto es solo para mujeres, tú sal de aquí", le responde una de las asistentes, mientras abajo, cerca del escenario, una joven ataviada con un velo islámico rapea rodeada por sus compañeras al ritmo del bajo de Acosta.

"La sonrisa es una moneda rara pero cuando aparece en la cara puede borrar cualquier culpa. Ríete, intenta pensar, salir adelante, sé una mujer fuerte, sin vergüenza, sé tú misma. Tú eres la más guapa del mundo, tú eres mi vida y mi universo", recita la chica en tono combativo a la par que gesticula desinhibida con sus manos.

El evento finaliza con la canción "Historia de un amor", del compositor panameño Carlos Eleta Almarán, que narra el amor del autor por su esposa y el dolor que sufrió cuando esta murió.

"Es la clase de amor que debemos sentir por otras personas pero también por nosotras mismas, cuenten su historia, hagan su historia de amor", concluye Acosta desde el escenario, antes de hacer sonar las primeras notas de la canción en su bajo.

Además de este taller, el trío panameño toca este fin de semana en el Festival de Jazz de El Cairo junto a otros cuatro músicos egipcios, con los que forman el conjunto "PanAfrican Project". 

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