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Encorvado, con perilla y su inseparable sombrero, Jerry González, fallecido hoy a los 69 años en Madrid, era un habitual del jazz madrileño, que acogió a este "sonero" y trompetista "nuyorrican", referente mundial del "latin jazz" y compañero de Dizzy Gillespie o Chet Baker, hace ya 17 años.

El trompetista y percusionista neoyorquino de origen puertorriqueño, a los que se conoce como "nuyorrican", sufrió anoche en su domicilio del céntrico barrio de Lavapiés un incendio que le provocó una parada cardiorespiratoria por inhalación de humo y aunque fue trasladado a un hospital aún con vida falleció esta mañana a consecuencia de la inhalación masiva.

Padre de cuatro hijos, la más pequeña una niña de tres años y medio que tuvo con su segunda mujer, la española Andrea Zapata, Gerald Antonio González decidió dejar Nueva York y residir en Madrid tras los atentados de las Torres Gemelas y en coincidencia con su participación en el documental de Fernando Trueba "Calle 54" (2000).

Hace unos meses había sufrido un ictus del que se había recuperado "estupendamente", según explicó su amigo y colega el baterista venezolano Ramón Mucci Storm, que resaltó que González "tuvo una muerte tranquila y dulce".

Para el músico español Jorge Pardo, González ha tenido un hondo significado en el jazz mundial porque era "de esa generación de artistas que había en los años 60 en Nueva York, un 'nuyorrican' con todo lo que eso significaba. Su vida allí es lo que cuenta 'West Side Story'".

El artista pertenecía a la generación de los músicos del Bronx, el barrio en el que vivían entonces puertorriqueños y cubanos y donde emergió el afro-latin jazz y empezó con las congas porque cuando era un adolescente tuvo que estar inmovilizado varios meses y su distracción era la percusión.

En Estados Unidos era conocido como percusionista y cuando decidió vivir en España, se volcó en la trompeta -"condenadamente difícil con sus siete tonos", confesaba el músico-.

Su trascendencia en lo creativo, según explica Pardo a Efe, viene derivada de la fuerte influencia que tuvo para él la música caribeña en el jazz y a la inversa.

"Jerry era una auténtica aleación de esos dos modelos: 'conguero' y trompetista, jazzista y 'sonero'. Ese es su principal legado", resume Pardo.

Este habitual de los clubes de jazz, que en 2016 cumplió sus 50 años de música con un ciclo de conciertos en Madrid, era, según Pardo, una persona muy comprometida socialmente e involucrado en "muchos asuntos vitales", entre ellos el de la lucha contra la drogadicción, porque él vivió en una época de su vida "todo ese delirio e inconsciencia, algo que deja por una parte huellas muy amargas y por otra muy brillantes".

El músico "tenía esa habilidad de asumir cualquier cosa y convertirla en vitalmente interesante", recalca Pardo, que cuando fue a verle al hospital donde estaba ingresado por un ictus, "acabó cachondeándose de su enfermedad y destino. Era incombustible".

González tocó con Dizzy Gillespie, Chet Baker, Freddie Hubbard, Eddie Palimieri o Mongo Santamaría y por su arte fue candidato a lo largo de su carrera a seis premios Grammy.

Fundador del grupo Fort Apache Band, colaboró también con los grandes de la música latina y del flamenco como Tito Puente, Chano Domínguez, George Benson, Paco de Lucía, Diego El Cigala, Niño Josele, Andrés Calamaro o Enrique Morente.

Trabajó en la fusión del flamenco y el jazz latino con proyectos como "Jerry González y los Piratas del Flamenco" y colaboraciones con músicos como Paco de Lucía, con quien participó en 2015 "Entre 20 aguas", el álbum homenaje al desaparecido guitarrista que ganó el Grammy Latino a Mejor Álbum Flamenco. 

¨Smooth, latino, fusión...¨ Emisora con la identidad propia en el FM, 95.CINCO JAZZ presenta una selección especial de Smooth Jazz, algunas pincelados de color brasileño y la frescura de los grandes compositores y cantautores latinoamericanos