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El pianista y compositor británico Bill Laurance apela a la responsabilidad política del arte y de la música en particular, aunque reivindica que "la verdadera belleza del jazz está en que siempre está cambiando".

En una entrevista, el músico de jazz, que clausuró ayer Festival Qurtubajazz de Córdoba (sur de España), reconoce que, aunque antes "no solía estar muy involucrado en política", en la actualidad considera que es "importante ser políticamente activo".

El músico confiesa sentirse "muy inspirado por las cosas que están ocurriendo" en el mundo, mientras él trata de "encontrar una voz en medio de todo lo malo".

"Siento que ya me he hartado de ser un sujeto pasivo. Y ahora tengo que actuar", dice Laurance, miembro originario del conjunto jazzístico Snarky Puppy, con el que ha ganado varios premios Grammy.

Laurence, que ha lanzado ya cuatro discos en solitario, es un músico que combina a la perfección el detallismo de su formación como pianista clásico con la espontaneidad del jazz.

A este respecto, señala que ambas disciplinas tienen un peso muy importante en su trabajo, si bien destaca de la música clásica "la atención a los detalles", que "no se encuentra fácilmente en otros géneros", y del jazz "la sensación de libertad".

"Es como el ying y el yang. Dependo por igual de ambos, pero quizá la parte jazzística esté más presente porque es más libre. Y siento que la libertad es lo que te permite encontrar tu propia voz", explica el compositor, que también presta mucha atención a la tecnología en su música y su traslación al directo.

Sobre el escenario, Laurance es al mismo tiempo un científico del ritmo y un brillante improvisador, escondido entre distintos tipos de piano, desde el clásico al "Fender Rhodes" o el sintetizador "Moog", todos elementos a los que otorga igual importancia y que, en muchas ocasiones, combina en una misma pieza.

Esta visión de la música llevó al bajista norteamericano Michael League a reclutar al pianista para Snarky Puppy, un colectivo de músicos concebido como una brillante herramienta de improvisación.

"Al final lo que quiere el público es que nos sorprendamos los unos a los otros", dice sobre su gusto por la improvisación, una cualidad que atribuye al jazz, que "siempre está cambiando".

Con la capital británica convertida desde hace unos años en uno de los puntos más importantes del jazz en el mundo, gracias a propuestas de artistas jóvenes recién salidos del conservatorio, Laurance remarca que parte de este movimiento está en que "existe un hambre universal por ver a bandas improvisar en directo".

"En Londres ahora mismo es el público el que empuja a las bandas", asegura.

"Hubo un tiempo en el que la sensación era que el jazz estaba muriendo. Y en realidad solo estaba cambiando. El jazz siempre está cambiando. La belleza del jazz está en eso", sostiene Laurance.

El artista ha reclutado para esta gira al bajista Jonathan Harvey (The Cinematic Orchestra) y al espectacular batería Lituano Marijus Aleksa, con los que también toca esta noche en la Sala Clamores de Madrid.

Tres tipos "extracomunitarios" sobre el escenario, como bromeaba el pianista ante el público cordobés, al que le aclaró que "hay mucha gente en Reino Unido que quiere quedarse en Europa".

Su paso por el festival de jazz de Córdoba coincidió con el fallecimiento del trompetista Roy Hargrove.

"Es una demostración sobre lo frágil que es la vida. (...). Él era una llama candente. Siempre vivió al máximo. Al límite todo el tiempo. Es muy triste", lamentó el pianista, que consideró al trompetista norteamericano como "un pionero". 

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